Lo contento que tiene que estar el concejal de parque y jardines de mi pueblo cuando ha escuchado o leído que la tuta se ha cargado a todas las plantas de tomate de todos los huertos de la zona.
Mejor dicho, como decía Juan Manuel Serrá:
"De Algeciras a Estambul, ..."
Para cualquier hortelano:
¿Qué es un huerto en verano sin tomates?: Pues nada.
Para cualquier mujer de hortelano revisando la cesta: ¿Y los tomates?.
Yo que me había convertido en la sombra del concejal al intentar crear una asociación en defensa de huertos para jubilados, para que en ellos ocupasen estos días tan largos en los terrenos abandonados cerca de donde viven para que cada uno cerrase una parcelita y crease su propio huerto.
Contemplar la cara de un jubilado sentado debajo de un árbol dándole ventaja a la sombra para que vaya a buscarlo, o esa misma persona sentada en el huerto viendo crecer lo que él ha sembrado.
Que me perdonen las japutas auténticas que es un delicioso manjar cuando sus lomos - blancos como la naca - son colocados en una cazuela de barro sobre un lecho de tomate, pimiento, cebolla, aceite y sal. Se meten en el horno hasta que están doraditas.
En esta zona del Estrecho de Gibraltar solo las comemos en temporada, que es cuando suelen pasar del Mediterráneo al Atlántico o viceversa. Mi compañero de trabajo dice que a dicho pez, le viene el nombre como consecuencia que al sacarlo del mar, suele dar unas descargas eléctricas y que los pescadores la suelen soltar - si no son expertos o no las conocen, - después de haber dicho a pleno pulmón: ¡Japuuuuta! .
La misma palabra y con la misma intensidad salió por mi boca cuando tomé la decisión de arrancar los tomates.
A las que se les debía de colocar el nombre de japuta y dejárselo para siempre es a una polilla que ha cruzado el charco y se ha cargado mi huerto de tomates.
Desesperado consulto a mis paisanos y familiares que se dedican a la siembra del tomate en los invernaderos y me contestan:
“Qué sepamos aún no se ha encontrado el depredador para dicha polilla, así que este año sembrar tomates en los invernaderos del Poniente de Almería es jugársela por culpa de la tuta”.
Hace unos días visitando el invernadero de un familiar me explico – por encima – la de depredadores que tenía en el invernadero, de que se alimentaban, que tenían que sembrar para que se desarrollasen, etc. etc. Continuaba mi primo diciendo:
“Como en Bruselas nos analizan todo lo que mandamos y no podemos utilizar insecticidas y fungicidas, etc. etc. ahora nuestro desafío no es saber criar tomates, es saber mantener los bichos que se jincan a los otros bichos”.
Cuando estaba escuchando dichas explicaciones me estaba acordando que ya tenía perdida la batalla que había emprendido contra el ayuntamiento de mi ciudad, que no consiente, qué, unas personas mayores – vecinos jubilados aburridos que siempre fueron agricultores - siembren su pequeño huerto en terrenos que están abandonados.
¿Será el concejal de parques y jardines es el que ha importado la tuta a la que al final terminemos diciéndole: Japuta?.
viernes, 31 de julio de 2009
miércoles, 17 de junio de 2009
PALOMAS ASADAS
Algeciras como tantos otros lugares tiene unas aves adaptadas como ninguna otra a vivir entre la gente en sus parque y plazas, aves utilizadas para identificar la paz o utilizadas en las guerras como mensajeras.
En la misma proporción que están decreciendo las palomas, esta ciudad va creciendo en gorrillas.
No sé qué examen les ponen a los aspirantes a dicho oficio, – estamos en tiempos en que todo trabajador ha de pasar unas cuantas pruebas y otras tantas entrevistas para encontrar un trabajo – pero un buen número de personas no las han podido superar.
Vuelven los rumores de antaño que el número de palomas de la Plaza Alta de Algeciras a pesar de ser alimentadas diariamente por los críos con bolsas de gusanitos, parece que disminuyen en números alarmantes.
Es totalmente cierto que el ayuntamiento no ha contratado a una empresa de cetreros para que suelten a sus aves de presa, para asustar a las “pacíficas palomas” y atemorizadas por los halcones huyan muertas de miedo a otros lugares más seguros.
Lo que la gente comenta sentados en las cafeterías de dicha plaza, es que alguien está cazando palomas para comérselas.
Creo que no me equivoco si empiezo a eliminar a las personas que viven en los edificios del centro o tienen el trabajo en dicha plaza como son los banqueros, los notarios, los que frecuentan el casino (…), las chachas que sacan a los críos o a los viejos a pasear, o los que nos sentamos para tomar un café mientras se charla, ni los que acuden a visitar las exposiciones de pinturas al óleo o de viejas fotografías.
Lo que es cierto es que las palomas están disminuyendo de forma alarmante y esta vez los responsables públicos no se han gastado un euro en lograr una de sus inconfesables preocupaciones que es, que el número de palomas disminuya a costa de lo que sea y como sea.
Cantaba la más grade; Rocío Jurado:
“Nadie sabe, nadie sabe, pero todos lo quieren saber,
Ni la clave, ni la lleve, la del cómo ni cuándo y porqué.
Me importa tres pitos que diga la gente, …
¿Quién puñetas se está comiendo las palomas de la Plaza Alta de Algeciras?”.
Personalmente como conozco a un “come palomas”, estoy deseandito de encontrármelo para averiguar el cómo y el cuándo. Prometo contarlo.
En la misma proporción que están decreciendo las palomas, esta ciudad va creciendo en gorrillas.
No sé qué examen les ponen a los aspirantes a dicho oficio, – estamos en tiempos en que todo trabajador ha de pasar unas cuantas pruebas y otras tantas entrevistas para encontrar un trabajo – pero un buen número de personas no las han podido superar.
Vuelven los rumores de antaño que el número de palomas de la Plaza Alta de Algeciras a pesar de ser alimentadas diariamente por los críos con bolsas de gusanitos, parece que disminuyen en números alarmantes.
Es totalmente cierto que el ayuntamiento no ha contratado a una empresa de cetreros para que suelten a sus aves de presa, para asustar a las “pacíficas palomas” y atemorizadas por los halcones huyan muertas de miedo a otros lugares más seguros.
Lo que la gente comenta sentados en las cafeterías de dicha plaza, es que alguien está cazando palomas para comérselas.
Creo que no me equivoco si empiezo a eliminar a las personas que viven en los edificios del centro o tienen el trabajo en dicha plaza como son los banqueros, los notarios, los que frecuentan el casino (…), las chachas que sacan a los críos o a los viejos a pasear, o los que nos sentamos para tomar un café mientras se charla, ni los que acuden a visitar las exposiciones de pinturas al óleo o de viejas fotografías.
Lo que es cierto es que las palomas están disminuyendo de forma alarmante y esta vez los responsables públicos no se han gastado un euro en lograr una de sus inconfesables preocupaciones que es, que el número de palomas disminuya a costa de lo que sea y como sea.
Cantaba la más grade; Rocío Jurado:
“Nadie sabe, nadie sabe, pero todos lo quieren saber,
Ni la clave, ni la lleve, la del cómo ni cuándo y porqué.
Me importa tres pitos que diga la gente, …
¿Quién puñetas se está comiendo las palomas de la Plaza Alta de Algeciras?”.
Personalmente como conozco a un “come palomas”, estoy deseandito de encontrármelo para averiguar el cómo y el cuándo. Prometo contarlo.
PALOMAS ASADAS
Algeciras como tantos otros lugares tiene unas aves adaptadas como ninguna otra a vivir entre la gente en sus parque y plazas, aves utilizadas para identificar la paz o utilizadas en las guerras como mensajeras.
En la misma proporción que están decreciendo las palomas, esta ciudad va creciendo en gorrillas.
No sé qué examen les ponen a los aspirantes a dicho oficio, – estamos en tiempos en que todo trabajador ha de pasar unas cuantas pruebas y otras tantas entrevistas para encontrar un trabajo – pero un buen número de personas no las han podido superar.
Vuelven los rumores de antaño que el número de palomas de la Plaza Alta de Algeciras a pesar de ser alimentadas diariamente por los críos con bolsas de gusanitos, parece que disminuyen en números alarmantes.
Es totalmente cierto que el ayuntamiento no ha contratado a una empresa de cetreros para que suelten a sus aves de presa, para asustar a las “pacíficas palomas” y atemorizadas por los halcones huyan muertas de miedo a otros lugares más seguros.
Lo que la gente comenta sentados en las cafeterías de dicha plaza, es que alguien está cazando palomas para comérselas.
Creo que no me equivoco si empiezo a eliminar a las personas que viven en los edificios del centro o tienen el trabajo en dicha plaza como son los banqueros, los notarios, los que frecuentan el casino (…), las chachas que sacan a los críos o a los viejos a pasear, o los que nos sentamos para tomar un café mientras se charla, ni los que acuden a visitar las exposiciones de pinturas al óleo o de viejas fotografías.
Lo que es cierto es que las palomas están disminuyendo de forma alarmante y esta vez los responsables públicos no se han gastado un euro en lograr una de sus inconfesables preocupaciones que es, que el número de palomas disminuya a costa de lo que sea y como sea.
Cantaba la más grade; Rocío Jurado:
“Nadie sabe, nadie sabe, pero todos lo quieren saber,
Ni la clave, ni la lleve, la del cómo ni cuándo y porqué.
Me importa tres pitos que diga la gente, …
¿Quién puñetas se está comiendo las palomas de la Plaza Alta de Algeciras?”.
Personalmente como conozco a un “come palomas”, estoy deseandito de encontrármelo para averiguar el cómo y el cuándo. Prometo contarlo.
En la misma proporción que están decreciendo las palomas, esta ciudad va creciendo en gorrillas.
No sé qué examen les ponen a los aspirantes a dicho oficio, – estamos en tiempos en que todo trabajador ha de pasar unas cuantas pruebas y otras tantas entrevistas para encontrar un trabajo – pero un buen número de personas no las han podido superar.
Vuelven los rumores de antaño que el número de palomas de la Plaza Alta de Algeciras a pesar de ser alimentadas diariamente por los críos con bolsas de gusanitos, parece que disminuyen en números alarmantes.
Es totalmente cierto que el ayuntamiento no ha contratado a una empresa de cetreros para que suelten a sus aves de presa, para asustar a las “pacíficas palomas” y atemorizadas por los halcones huyan muertas de miedo a otros lugares más seguros.
Lo que la gente comenta sentados en las cafeterías de dicha plaza, es que alguien está cazando palomas para comérselas.
Creo que no me equivoco si empiezo a eliminar a las personas que viven en los edificios del centro o tienen el trabajo en dicha plaza como son los banqueros, los notarios, los que frecuentan el casino (…), las chachas que sacan a los críos o a los viejos a pasear, o los que nos sentamos para tomar un café mientras se charla, ni los que acuden a visitar las exposiciones de pinturas al óleo o de viejas fotografías.
Lo que es cierto es que las palomas están disminuyendo de forma alarmante y esta vez los responsables públicos no se han gastado un euro en lograr una de sus inconfesables preocupaciones que es, que el número de palomas disminuya a costa de lo que sea y como sea.
Cantaba la más grade; Rocío Jurado:
“Nadie sabe, nadie sabe, pero todos lo quieren saber,
Ni la clave, ni la lleve, la del cómo ni cuándo y porqué.
Me importa tres pitos que diga la gente, …
¿Quién puñetas se está comiendo las palomas de la Plaza Alta de Algeciras?”.
Personalmente como conozco a un “come palomas”, estoy deseandito de encontrármelo para averiguar el cómo y el cuándo. Prometo contarlo.
PALOMAS ASADAS
Algeciras como tantos otros lugares tiene unas aves adaptadas como ninguna otra a vivir entre la gente en sus parque y plazas; aves utilizadas para identificar la paz o utilizadas en las guerras como mensajeras.
En la misma proporción que están decreciendo las palomas, esta ciudad va creciendo en gorrillas.
No sé qué examen les ponen a los aspirantes a dicho oficio, – estamos en tiempos en que todo trabajador ha de pasar unas cuantas pruebas y otras tantas entrevistas para encontrar un trabajo – pero un buen número de personas no las han podido superar.
Vuelven los rumores de antaño que el número de palomas de la Plaza Alta de Algeciras a pesar de ser alimentadas diariamente por los críos con bolsas de gusanitos, parece que disminuyen en números alarmantes.
Es totalmente cierto que el ayuntamiento no ha contratado a una empresa de cetreros para que suelten a sus aves de presa, para asustar a las “pacíficas palomas” y atemorizadas por los halcones huyan muertas de miedo a otros lugares más seguros.
Lo que la gente comenta sentados en las cafeterías de dicha plaza, es que alguien está cazando palomas para comérselas.
Creo que no me equivoco si empiezo a eliminar a las personas que viven en los edificios del centro o tienen el trabajo en dicha plaza como son los banqueros, los notarios, los que frecuentan el casino (…), las chachas que sacan a los críos o a los viejos a pasear, o los que nos sentamos para tomar un café mientras se charla, ni los que acuden a visitar las exposiciones de pinturas al óleo o de viejas fotografías.
Lo que es cierto es que las palomas están disminuyendo de forma alarmante y esta vez los responsables públicos no se han gastado un euro en lograr una de sus inconfesables preocupaciones que es, que el número de palomas disminuya a costa de lo que sea y como sea.
Cantaba la más grade; Rocío Jurado:
“Nadie sabe, nadie sabe, pero todos lo quieren saber,
Ni la clave, ni la lleve, la del cómo ni cuándo y porqué.
Me importa tres pitos que diga la gente, …
¿Quién puñetas se está comiendo las palomas de la Plaza Alta de Algeciras?”.
Personalmente como conozco a un “come palomas”, estoy deseandito de encontrármelo para averiguar el cómo y el cuándo. Prometo contarlo.
En la misma proporción que están decreciendo las palomas, esta ciudad va creciendo en gorrillas.
No sé qué examen les ponen a los aspirantes a dicho oficio, – estamos en tiempos en que todo trabajador ha de pasar unas cuantas pruebas y otras tantas entrevistas para encontrar un trabajo – pero un buen número de personas no las han podido superar.
Vuelven los rumores de antaño que el número de palomas de la Plaza Alta de Algeciras a pesar de ser alimentadas diariamente por los críos con bolsas de gusanitos, parece que disminuyen en números alarmantes.
Es totalmente cierto que el ayuntamiento no ha contratado a una empresa de cetreros para que suelten a sus aves de presa, para asustar a las “pacíficas palomas” y atemorizadas por los halcones huyan muertas de miedo a otros lugares más seguros.
Lo que la gente comenta sentados en las cafeterías de dicha plaza, es que alguien está cazando palomas para comérselas.
Creo que no me equivoco si empiezo a eliminar a las personas que viven en los edificios del centro o tienen el trabajo en dicha plaza como son los banqueros, los notarios, los que frecuentan el casino (…), las chachas que sacan a los críos o a los viejos a pasear, o los que nos sentamos para tomar un café mientras se charla, ni los que acuden a visitar las exposiciones de pinturas al óleo o de viejas fotografías.
Lo que es cierto es que las palomas están disminuyendo de forma alarmante y esta vez los responsables públicos no se han gastado un euro en lograr una de sus inconfesables preocupaciones que es, que el número de palomas disminuya a costa de lo que sea y como sea.
Cantaba la más grade; Rocío Jurado:
“Nadie sabe, nadie sabe, pero todos lo quieren saber,
Ni la clave, ni la lleve, la del cómo ni cuándo y porqué.
Me importa tres pitos que diga la gente, …
¿Quién puñetas se está comiendo las palomas de la Plaza Alta de Algeciras?”.
Personalmente como conozco a un “come palomas”, estoy deseandito de encontrármelo para averiguar el cómo y el cuándo. Prometo contarlo.
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